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lunes, 1 de febrero de 2010

Aprendizaje - Manuel Pérez Bañez

A Oscar le enseñamos a hablar. Primero aprendió a nombrar a las personas de la casa. Luego, a reconocer objetos humanos como las llaves, el móvil o una cuchara. Mas adelante obedecía órdenes sencillas. Finalmente, en un alarde de inteligencia aprendió a reconocer y nombrar los principales colores: el rojo, el verde y el azul. Todo ello conllevó un enorme esfuerzo y muchas horas de ensayo. Oscar se aplicaba verdaderamente en recordar y repetía a conciencia las palabras sin descanso noche y día.
Al principio era digno de admiración para los visitantes de la casa. Con el tiempo, su diminuto cerebro comenzó a enredar las cosas. A Luisa la llamaba "azul”, a las llaves “Miguel” o al verde el “móvil”. Sus frases se hacían cada vez más surrealistas. Decía “Brrrr. Azul. Azul. Brrr.Ya está aquí azul. Hola Azul” y cosas por el estilo.
Gracias a Oscar aprendí a darme cuenta lo que cuesta aprender cualquier cosa en esta vida y también que nada te garantiza que lo que hayas aprendido te vaya a servir para algo. Ah, lo olvidaba: Oscar es mi periquito.

jueves, 3 de diciembre de 2009

No pudo ser - Manuel Pérez Bañez

Todo esfuerzo fue en vano. Aquel inesperado e insignificante montículo de arena dejado por la rodada se antojaba una montaña para él. Un instinto animal lo empujaba a cruzar el carril bajo el implacable sol del mediodía pero cuando casi conseguía alcanzar un mínimo ascenso, su peso lo hacía caer rodando una y otra vez, aferrándose inútilmente a la resbaladiza arena y haciendo que el montículo fuera perdiendo altura a cada intento. A priori se le allanaba el camino, pero sus fuerzas estaban al límite ya que tenía que invertir un sobrehumano esfuerzo en voltearse sobre sus quitinosas extremidades cada vez que se desplomaba. Ya casi lo había logrado. Tanto esfuerzo y tanta arena desmoronada había hecho desaparecer prácticamente el montículo. Sólo tenía que salvar unos miserables y despejados treinta centímetros de arena para alcanzar la gloria del otro lado. El mismo vehículo que había formado el montículo pasaba de vuelta. No pudo ser.

martes, 13 de octubre de 2009

Eso era - Manuel Pérez Bañez



Fotografía de Herbert List vista en El Ángel Caído


Esa mañana las aguas andaban revueltas y sin embargo, todo parecía suponer que era una mañana como todas las mañanas en su pequeño mundo. Algo no iba bien, algo que en su húmeda e incipiente conciencia no sabía materializar pero que —eso sí— le hacía suponer que tras ese preciso instante, todas las mañanas de todos los días de todos los escasos años de su vida iban a parecer como transcurridos en un oscuro túnel, una especie de limbo, un líquido amniótico en el que flotó privado de memoria desde el preciso instante de haber nacido. Eso era...
Hasta entonces, su plácida y previsible existencia no admitía incertidumbres. Estaba allí, no sabía ni de dónde ni como había llegado. Ni siquiera sabía si había nacido allí, ni tampoco la misma naturaleza o sentido de su existencia. Eso era...
Ahora, el cristal del pequeño acuario dejaba ver el mundo y empezó a sospechar que su centro debía estar en otro lugar atisbado allá en el horizonte, muy lejos del pequeño mundo de agua y de cristal que hasta entonces había sido su único y seguro lugar. Estaba confuso, como salido de un profundo hechizo, tal vez fruto de nadar incansable e hipnóticamente en círculos, ajeno a las lunas, a las mareas y las estaciones. Eso era. Unos ojos de cristal que veían como su, hasta ahora único mundo, era una gota de agua que nunca llegaría a ser océano. Pudo llorar y tal vez lo hiciera. Eso era o tal vez fui: un pez llamado deseo.

martes, 29 de septiembre de 2009

El pozo sin fondo - Manuel Pérez Báñez


Fotografía: Photobucket

De pequeño soñaba con descubrir los grandes misterios del mundo. Recordando que una vez siendo niño (en el "fondo" lo seguía siendo) arrojó una piedra al fondo de un oscuro pozo y no llegando a escuchar durante horas y horas el ruido del impacto, dedujo con toda la lógica del mundo que el pozo atravesaría la tierra de cabo a rabo. Siendo un científico célebre y longevo volvió a aquel pozo de su infancia y se preparó para el viaje final de su vida: reposar en el centro de la Tierra.
Daba por supuesto de que el pozo estaría lleno de aire y que la caída no sería tan brusca puesto que una vez que el cuerpo alcanzara una cierta y calculada velocidad terminal, la resistencia del aire le impediría seguir acelerando. La inercia le haría atravesar el punto central del gigantesco túnel terráqueo, superarlo y seguir cayendo (o ascendiendo , pensaba él, si alguien lo intentara desde el Polo Sur). Dedujo además que el punto en el que se detendría para volver a caer hacia el centro del planeta sería cada vez más cercano a éste. Finalmente, estaba convencido de que quedaría en ingrávido y perpetuo reposo en el centro de la Tierra (al menos hasta que a otro iluminado se le ocurriese saltar al pozo). Era su sueño. En las crónicas del lugar hablaron de suicidio… lo cierto es que nunca apareció su cuerpo.

El chirimiri del ángel


Imagen: El ángel herido, de Hugo Simberg

Se cuenta que un niño capturó con liria un ángel de leche, que más que alas tenía incipientes plumones en su espalda. Éste yacía moribundo del titánico esfuerzo por liberarse de la mortal trampa de pegamento. El niño, al verlo, quedó avergonzado y arrepentido. Lo soltó con delicadeza, cicatrizó sus heridas, le dio agua fresca de una fuente y lo llevó hasta una loma cercana donde con paciencia lo instruyó para que recuperara las fuerzas necesarias para poder volar con sus aún inexpertas y níveas alas. No fue tarea fácil. Al cabo de varios días, el ángel restablecido le agradeció al niño su empeño. Con lágrimas (ese día, a pesar de ser verano, llovió suavemente sobre la aldea) se marchó volando una mañana. Desde entonces todos los niños —incluso los más crueles— poseen su ángel de la guardia. Desde entonces una fina lluvia cae cada once de Agosto sobre la aldea. Los del lugar la llaman el chirimiri del ángel. Ese día todos los niños lo celebran soltando jilgueros en la plaza del pueblo.