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viernes, 12 de noviembre de 2010

Cuchicheos al amanecer - Carmen María Hernández

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Desperté un poquito más aletargada que otras mañanas. ¡Qué alivio! Las cucarachas que soñé por la noche no estaban ahí. Me puse de pie y sentí un ligero mareo. Caminé a duras penas hacia el baño y desde la puerta vi algo que me despertó por completo: más de veinte cucarachas bajo la regadera, como haciendo un semicírculo, hablando de quién sabe qué. Entré, e hicieron silencio. Yo hice como que no las veía. Ellas apenas se movieron, como si yo no les importara. Me lavé los dientes mirándolas de reojo, me sequé las manos en una toalla que igual que el día anterior, estaba húmeda. Por qué no habré comprado un insecticida ayer en el súper. Salí ignorándolas por completo, pero apenas cerré la puerta tras de mí le pegué el oído y ¡Sí! Las cucarachas cuchicheaban otra vez. —¡Vieron que no la soñé! —Dijo una. —¿De dónde habrá salido? —Yo les dije que había humanos por aquí  —le contestó otra—. Pero no se preocupen, conozco un humanicida lento pero seguro, de uso tópico. Lo derramé ayer sobre la toalla de manos.

viernes, 4 de junio de 2010

Vacíos - Carmen María Hernández

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El bosque está lleno de árboles que sólo una vez al año podría decirse que están llenos de hojas, aunque sólo la mitad (no exactamente) de ellos se llena de frutos. Ningún árbol se llena de pájaros, tampoco las cabezas de las personas ni los cables de electricidad. Las cabezas a veces sí se llenan de personas y los cables tal vez se llenen de electricidad, pero yo de esas cosas de física sé muy poquitito.

Lo que sí sé es que, como el bosque está lleno de árboles desiste de ingerir niños pequeños con todo y carreolas. ¿Pero quién puede asegurar que no ha dejado “un huequito” para un bocado más, por lo menos? Ese libro que leerás en la noche, ¿Está lleno de los bosques que han sido devorados para hacer el papel, y contar historias? “No hay nada más noble que un libro”, piensas, y de pronto, al pasar la página, se abre frente a ti una enorme boca como de…bosque.

jueves, 4 de marzo de 2010

Duda - Carmen María Hernández



Hechizó una sirena el interior de la caracola minúscula que llevo aquí, colgada de mi cuello, tapándola con la mano para no dejar salir su canto hasta el momento preciso. Cuando te miro desde lejos, me dan ganas de poner a tu oído este rumor de mar, y atarte de una vez para siempre a mi destino: hacer que vivas encantado junto a mí, navegando en mi cabello enriquecido por la brisa; acogido a mis pechos que han afrontado suavemente las tormentas; abrazado por este par de piernas que tienen todavía secuelas de escamas, y que aún no saben si caminar hacia ti, o esperar a que el viento sople en dirección tuya.